La Administración
comparte las particularidades y los objetivos de la ciencia: conocer el mundo
que nos rodea para poder predecirlo, pero además es una tecnología: utiliza
técnicas, procesos y procedimientos…y también es un arte: luego de un
diagnóstico se aplica el mejor procedimiento ad-hoc, la técnica X en
combinación con la Z., sin leyes pre-establecidas al estilo de las ciencias
“duras”; con un diagnóstico particular
de la situación para aplicar todo el conocimiento, las técnicas adecuadas, las herramientas específicas, y el buen
sentido (¿sentido común? ) del Administrador/a
….
Nos encontramos frente
a una ciencia ó tecnología social. Las
ciencias sociales son las relacionadas
con la sociedad y el comportamiento humano. La Administración exige no sólo un pleno conocimiento
del estado del arte y de la tecnología, sino sobre todo un gran desarrollo humanístico, la
capacidad de interpretar la realidad y de inventar representaciones de la
misma, presentes y futuras, que sean exitosas.
La Administración está dominada por el enfoque
subjetivo de sus conocimientos básicos: desde las funciones de valor hasta la
organización de grados de creencias acerca de eventos no repetitivos, desde las
heurísticas para la evaluación de situaciones hasta las emociones que integran
la racionalidad administrativa, desde la fijación de preferencias hasta el más
absoluto libre albedrío en la definición de objetivos o en la aceptación de
tecnologías. Por supuesto, se trata de una tecnología científica ya
que se basa sobre diversas ciencias, especialmente: Economía, Psicología,
Sociología, Antropología, sin contar con las ciencias formales de lógica y
matemática, e interactúa con ellas. Pero, sobre todo, se trata de una
socio-tecnología, altamente influida por el medio ambiente sobre el cual, a su
vez, influye. Incluyo en esa influencia, la que llega a la Administración a
través de la personalidad del Administrador, moldeada profundamente por la
cultura ambiental en la cual se ha desarrollado.